El Duque de Madrid volvió a reivindicar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia durante los actos anuales de las órdenes dinásticas de la Casa de Parma

El pasado 25 de septiembre, Don Carlos de Borbón presidió en Parma el Capítulo General de las órdenes dinásticas de la Casa Real de Parma, celebrado en el marco de sus actos anuales. El Duque de Madrid y duque de Parma y Plasencia estuvo acompañado en los actos por su esposa, Doña Ana María.

La jornada comenzó con la Santa Misa oficiada por monseñor Enrico Solmi, obispo de Parma y Gran Prior de la Orden Constantiniana, en la basílica magistral de Santa María de la Steccata. Posteriormente tuvo lugar el Capítulo General de las órdenes parmesanas, al que siguieron la imposición de distinciones en la abadía de Fontevivo y una cena benéfica organizada por la Asociación de Caballeros de las órdenes dinásticas parmesanas.

En su discurso, que aprovechó para comunicar la renovación de los órganos rectores de las órdenes, Don Carlos dedicó un emocionado recuerdo al recientemente fallecido príncipe Diofebo Meli Lupi di Soragna y centró su intervención en la necesidad de renovar las instituciones sin abandonar sus raíces cristianas. «El honor conserva su significado solamente cuando se convierte en responsabilidad; la distinción, cuando se traduce en servicio», afirmó.

Inspirándose en la encíclica Magnifica humanitas de León XIV y en los principios de solidaridad, subsidiariedad, bien común y dignidad de la persona, propios  de la Doctrina Social de la Iglesia, Don Carlos advirtió de las nuevas formas de soledad, exclusión y esclavitud material y digital presentes en nuestras sociedades. Frente a ellas, señaló que «servir hoy significa oponer a la cultura de la indiferencia la fuerza de la proximidad, de la escucha y del diálogo personal».

El Duque de Madrid reclamó asimismo un uso responsable de las nuevas tecnologías y recordó que el progreso y la eficacia nunca pueden situarse por encima del ser humano: «La eficiencia es necesaria, pero no es el criterio último. El criterio último es la persona: la persona concreta, sobre todo aquella que corre el riesgo de quedar al margen».

Don Carlos concluyó apelando a una renovación que haga a las órdenes dinásticas no sólo más modernas y eficaces, sino también «más humanas» y «más capaces de amar y de servir», para contribuir a construir una civilización en la que la verdadera grandeza no consista en dominar, sino en el servicio.

Reportaje fotográfico: © Valeria De Giorgi